viernes, 7 de junio de 2019

Crónica de mi primer triatlón: Ironman de Lanzarote


25 de Mayo de 2019. Día de mi primer triatlón: Ironman de Lanzarote, dicen que el más duro del mundo.

Despertador a las 4:57 (tengo la manía de poner el despertador siempre en una hora que acabe en 7). Participar en pruebas de ultradistancia tiene momentos muy duros, uno de ellos es desayunar tan temprano y sin hambre, me cuesta muchísimo tragar y me provoco, pero…es lo que hay. Medio plátano, un cuarto de sándwich y Spordej de Overstims. ¡Nos vamos a la salida! 

Me pongo el neopreno con más cuidado que si fuera de cristal de Murano (la última vez que me lo puse rompí la cremallera) y dejo la bolsa de calle en el guardarropa. Primer error de novato, entrego la bolsa…y tengo las cholas puestas. ¿Qué hago con ellas ahora? Las llevo a la bolsa de la bici y ahí se quedan. Seguidamente me meto en el agua para ir adaptándome al medio. ¿Qué coj… hago en el agua a las 6:40 de la mañana? Me pregunto.

De ahí a mi cajón empezando por los del principio: “Atletas PRO”, aquí no voy yo.  “Atletas de la Asociación de nosequé”, tampoco. “Menos de 60min”, jajaja. “Menos de 70 min”, chacho que empecé a nadar antes de ayer. “Menos de 80min”, uff no me atrevo. “Menos de 90 min”, bueno…estaré ahí ahí…miro para atrás y no hay nadie más, pues ese es mi sitio, el último.

Nada de animación, nada de música, casi 2000 personas en neopreono por delante de mí. ¿Me agobiaré mucho? ¿Qué hago aquí? Noto el estómago flojo…ufff.

Salimos, entro al agua y a nadar. Pues mira, sí, hay tirones, algún codazo, varios agarrones involuntarios en los pies que te desestabilizan y te hacen perder el ritmo…pero me lo esperaba mucho más apocalíptico, la verdad. Intento situarme y ver por dónde voy…y no me cuadra el plano con la realidad. Además, noto como me entra mucha agua por la espalda. Pienso que el arreglo del neopreno no sirvió. "La cremallera cedió y claro…cuando salga del agua en la primera vuelta me van a ver eso roto y no me van a dejar seguir y me excluirán…tanto trabajo para nada…". Y cuando salgo de la primera vuelta pues no, todo está en su sitio perfectamente sellado. La segunda vuelta es algo más tranquila y la disfruto bastante, algo de corriente en el extremo más alejado donde casi no avanzas pero que luego se vuelve favorable y te hace ir como un tiro.

Salgo del agua, joder… ¡Salí del agua! En hora y media y tras 4km 200 metros según el GPS. Ya está, tantos meses de agobio y de preparación para lo desconocido…y prueba superada. Qué alivio, lo hice. Pero no hay tiempo de celebrar nada, queda todo por hacer. Me tomo la transición con mucha mucha calma. Muy poquitas bicis ya en el box, mejor, así no me desconsuelo porque “agüita” con las avionetas que tienen los colegas. Crema solar como si estuviéramos a 20 kilómetros del sol y me enfundo mi culote y maillot, que yo no tengo tritraje de esos. Me subo a  la Cannondale tranquilamente para ir adaptándome al nuevo medio… y a pedalear.
Roman, eres un artista sacando fotos.


Empiezo muy tranquilo…y noto que algo no va bien. El estómago me está dando bastante la lata y voy incómodo. Los primeros 25 kilómetros me los paso entretenido buscando un baño portátil, como no aparece ninguno encuentro un sitio discretito y tras “visitarlo” sigo bastante más aliviado. Pueden pasar dos cosas: Que este problema siga y por tanto me tenga que retirar por deshidratación o que se corte y quede en anécdota. Aunque soy un novato en triatlón creo que algo de experiencia sí que tengo en ultra distancia, así que saco del bolsito un omeprazol y problema resuelto. “El animal conoce”.
Agarrando los acoples "para hacerme el chulo"

El resto del sector ciclismo es un largo y precioso paseo por toda Lanzarote de esquina a esquina. Al principio nublado, hasta caen unas pequeñas gotitas e incluso llego a pasar frio.  A medida que se abre el día va llegando el solajero. Y eso sí, invariablemente viento, mucho, y no sé por qué pero casi constantemente en contra. La zona de Timanfaya es un espectáculo, la subida al Mirador del Río una maravilla, la de Los Helechos, durísma. Pero me lo paso genial en todo el camino, tanto que las 8 horas que estoy sobre la bici (tiempo bastante mediocre, sí, pero yo a dos ruedas soy lo que soy y además mi querida y maravillosa bici es una escaladora que posiblemente de los 2000 aparatos tecnológicamente evolucionados de forma sublime que allí habían estuviera entre las 50 “peores”). Ya casi al final un golpe de viento casi me lleva al suelo, aquí no te puedes relajar ni un segundo. Veo varios compañeros apartados en orillas de carreteras, bicicletas rotas…e incluso algunos en camilla inmovilizados. No es agradable. Este sector es peligroso en algunos descensos y también conlleva factores que no puedes controlar, como las averías mecánicas. Yo por si acaso extremo precauciones en los últimos kilómetros y voy -aún más- despacio. Y así acabó el paseo en bici.
Verano Azul

Segunda transición, esta es algo más rápida, me pongo mi gorra Buff de la UTMB, camiseta Salomon y mi pantalón Raidlight (como ven outfit muy muy triatleta no llevé) y a correr.

Ahora si, tras prácticamente estrenarme en natación y ciclismo en un evento, estoy en mi terreno. El circuito consta de una vuelta larga hasta casi Arrecife (21km) y dos vueltas que serían la mitad de la primera aproximadamente para completar los 42Km. La primera se me pasa bastante rápido, voy conociendo el recorrido y lo disfruto, la zona del aeropuerto pese a ser la más lejana tiene el encanto de ver pasar a los aviones justo encima de ti. La media maratón sale por debajo de las dos horas, a ver si en la segunda aguanto el ritmo. Segunda vuelta al circuito, primera de las cortas. Voy algo cascado, pero bien, no dejo de adelantar a compañeros durante los 42kilómetros. Ultima vuelta, 10 kilómetros y se acaba todo. Me digo que tengo que correr todo el circuito, que no puedo pararme a caminar, y así lo hago.
Ese señor ahí sin tritraje...

Esto va llegando a su fin, alcanzo el cartel del kilómetro 40 (publicación que ves por primera ocasión cuando solo llevas corriendo 2 y te hunde en la miseria) y empiezo a rememorar todo elcamino recorrido hasta llegar a este momento: Las horas de entreno, los madrugones, las vueltas al tontódromo o por Ayagaures en bici, las piscinas hechas…trabajito hecho, objetivo cumplido. Valió la pena.

Y así entré en meta, emocionado y feliz por ver que soy capaz de salir de la línea de confort, de hacer cosas diferentes, de sobrevolar la incertimdubre y llegar a disfrutarla. Valioso aprendizaje para la vida, esta no fue fácil, pues tuve que rascar segundos para entrenar de cada momento. ¿Un embarazo, dos trabajos (eventos como speaker aparte) y la apertura de otra tienda son compatibles con preparar un Ironman? Pues parece que sí, pero…¡Mas nuuuunca!
Resultados.
¿Y ahora? Sigue estando todo por hacer. Una Transgrancanaria 360, otro Ironman pero para ir a por tiempo, seguir conociendo mundo participando en eventos, travesías, campeonatos de natación, disfrutar los entrenos con amigos…pero sobre todo, lo más importante, trasladar lo que aprendo en el deporte a los negocios y a la vida diaria. No obstante todo ello tendrá que esperar unos años, pues ahora me toca la ultra más importante de mi vida. 😉
Ya está el cuadro completo. 
Gracias por leerme si has llegado hasta aquí, y por supuesto gracias a todos los que se preocuparon por mí y siguieron esta aventura. ¡Cuando encendí el móvil tenía casi 1000 wasaps! Gracias a todos.

Gracias a Javi Cardaba y Claudio Matos por compartir experiencia juntos y ayudarme, a Pedro Guillama por su ayuda, a Vero por el vídeo de arriba y los ánimos, a Gonzalo Mantecón y Eli Sánchez por ser mis mentores en triatlón. Gracias infinitas a mi mecánico, acompañante, autor de las fotos que ilustran esta crónica y amigo Román por venirse conmigo, sin el esto hubiese sido un calvaaaario. Gracias a mi súper entrenador Abel y Runhabitat por volver a llevarme a una nueva meta y estar siempre pendientes. Gracias a mi súper entrandora de piscina Cecilia por confiar en mí y convertir en tiempo récord a este plomo limpiafondos en algo parecido a un nadador y por transmitirme esa pasión por la natación. Gracias a eso, ahora, uno de los mejores momentos del día, es el estado “zen” en el que me encuentro cuando salgo de la piscina. Y a mi pareja Sara por las muchas ausencias para entrenar, solucionarme a última hora el asunto del neopreno movilizando media isla y ayudarme en todo y más para poder cumplir el reto.  Y gracias a ti también, Axel, porque me diste fuerza para llegar a la meta, tenía que hacerlo porque me hacía mucha ilusión contártelo dentro de unos años. 

Gracias, de corazón.


Datos Técnicos:

Prueba: Ironman de Lanzarote. 25 de mayo de 2019.

Kilómetros: 226. 3,8 natación - 180 ciclismo - 42 carrera.

Tiempo: 14h19m50s.

Posición: 968. 155 grupo de edad. 894 genero. 1363 finishers. (1650 inscritos)

Ganadores: Frederik Van Lierde (8h51m16s) y Nikki Barlett (9h59m10s)

Clasificaciones

Material utilizado:
Natación: Neopreno Orca S7. Gafas Speedo.
Ciclismo: Bicicleta Cannondale Synapse. Casco Spiuk, Zapatillas Luck, Culote Assos. Calcetines Maldita buena suerte. 
Carrera: Zapatillas: Brooks Ghost 11. Textil: Camiseta Salomon, Pantalon Raidlight, Calcetines Stance, gorra Buff.
Reloj: Garmin Forerunner 935.
Nutrición: Geles 226ERS, Pastillas de sal 226ERS, Hydrazero 226ers. H5 energy Source, Barrita Amelix Overstims. 

domingo, 2 de junio de 2019

Crónica del Ironman del Lanzarote (parte I)

Vamos a darle un orden cronológico al asunto:

Septiembre:
Tras completar la UTMB necesitaba un reto diferente, algo que me sacara de la zona de confort, que me exigiera nuevas dinámicas y formas de prepararme. El reto de hacer un Ironman siempre me había rondado…y el momento había llegado.
Octubre:
Descanso activo.
Noviembre: 
Me apunto en la piscina, cuando le digo a mi futura entrenadora que quiero hacer el Ironman me comenta que muy bien, que hay tiempo, año y medio debería ser suficiente. Le digo que no…que no estoy pensando en 2020. “Dos años, mejor”. No no, YA, en Mayo. Me dice que es muy complicado, que debo ser muy estricto y nadar prácticamente todos los días. Mi respuesta es: OK, vamos a ello. Hasta bien entrado el año no da un duro por mi.
La primera prueba consiste en tirarme al mar y estar 10 minutos “en lo hondo”, a ver si me impresiona. No es mi medio…pero paso la prueba.
Tras eso a nadar en piscina, soy un Minardi en mitad de los Ferraris y Mercedes, no aguanto una piscina entera nadando, me asfixio, me agobio, no se respirar…soy un plomo limpiafondos.
No se ir acoplado. Por cierto busco una cabra económica. Por si sabes de alguna.
Diciembre:
La cosa no mejora mucho en la piscina, a la que voy todos los días a las 7am, que de 9 a 21 trabajo. A veces nado y salgo a correr, pero voy muy mareado, tanto es así que en una de estas me de doy un golpe bastante fuerte. Además hago mi primer km en marea…en 38minutazos. Casi que hasta me emociono. Seguimos.
Privado estrenando neopreno en El Pajar. Mira que hice metros ahí...hasta con una manta raya me encontré un día, que miedo tu.
Enero: 
El muchachito nuevo de la piscina va cogiendo algo de práctica y ya no es tan lento ni tan limpiafondos, pero aun está lejos de pasar el corte del Ironman en natación. 
Febrero: 
Poco a poco voy haciendo más y más metros. La distancia empieza a no ser tanto problema, pero cada vez que salgo del agua lo hago bastante mareado y mi orientación en el líquido elemento es nula.
Cara que se te queda tras una tirada larga de 30Km a 4:35 el km.
Marzo: 
Sigo mejorando, empiezo a ver que es posible…y me inscribo a la prueba. Me tomo más en serio el resto de modalidades (correr y bici) porque hasta entonces estaba centrado casi exclusivamente en nadar. Ahí me doy cuenta que el triatleta es como un malabarista, debes tener las “bolas” de la natación, bici y carrera en el aire, pues si se te cae una…se fastidió la función. No será fácil.
Abril: 
Test de medio Ironman pasado. Seguimos. A estas alturas me preocupa agobiarme en el agua entre tanta gente. Nunca me he enfrentado a eso…y no se como lo voy a gestionar. Me inquieta mucho. También me intranquiliza el sector ciclismo, nunca he hecho 180 kilómetros en bici, y además aquí influye el apartado mecánico. ¿Y si se rompe? Además no le he dedicado el tiempo suficiente. Muy pocas tiradas largas. No dispuse de ese tiempo y a lo mejor el sector me lo hace pagar. Y también me preocupa la carrera. Tengo una lesión crónica y a saber como se portarán los talones. Por si fuera poco, como es mi “fuerte” –o eso se supone- la he dejado de lado, igual pago el exceso de confianza en el sector. 
Hice una travesía y todo. Me gustó.
Mayo: 
Llegó el mes. Y lo hace con inconvenientes. Una semana antes el transporte que tenía previsto para la bici se viene abajo, rompo el neopreno y los talones siguen doliendo. 
Esto es, problemas en los tres sectores.
24 de Mayo:

Día antes. Llego a Lanzarote, posiblemente el último de los inscritos en pisar la isla de los volcanes (y probablemente el primero en irse porque el domingo a las 7am ya estaba en el aeropuerto). No hay tiempo de adaptarse…ni de descansar. Recojo el dorsal –me quedo alucionado con el complejo que tienen montado en La Santa-, paso el checkin más perdido que un pulpo en un garaje, dejo la bici y las bolsas de la transición…y a dormir.
25 de Mayo: 
Llegó el día. Pero te lo explico en otra entrada, para que no sea muy largo.
¡Hasta entonces!

martes, 19 de marzo de 2019

Sintiendo el #CalorHerreño [Crónica Maratón del Meridiano]


Me apunté a la maratón del meridiano para poder mantener la forma durante la navidad, ya que es una época en la que suelo trabajar una media de 12 horas al día y si no me obligo a entrenar…me pongo “guuuurdu” como una vaca.
¡Las Sabinas! Foto de Racephotos.

Aun así, vi que no llegaba y me pasé a la distancia corta, pero bueno, tampoco es plan de ir a El Hierro para correr una horita y ya está, así que finalmente y tras tanto cambio, inscrito en la distancia de 27 kilómetros.
La carrera sale desde Sabinosa para subir a Malpaso y finalizar en La Frontera. El Hierro es mi isla favorita, por lo que iba muy predispuesto a pasarlo bien y disfrutar de sus lujosos senderos.
Tras la habitual rutina herreña (compra de queso rallado en la cooperativa de ganaderos -los dejamos sin existencias-, elegir las quesadillas, disfrutar de una pizza y un heladito de Parchita en El Pomodoro y demás), a descansar y a la salida.
Son “sólo” 27 kilómetros, pero la verdad es que no me siento nada preparado para hacer la distancia con garantías. Empezamos subiendo, dura cuesta hasta Cres donde no voy cómodo y me adelantan corredores de mi modalidad y de la superior, que ya vienen con 15 kilómetros en los pies.


Senderos que molan. Foto de Racephotos.
A partir de aquí ya mi motor diésel empieza a funcionar y el asunto cambia. Ahora voy bien, corro en las cuestas y estoy cómodo. Pasamos por la Ermita de Los Reyes y seguimos subiendo. Entrenando por allí el pasado verano vi un caballo sin sombra y sin agua en un terreno que se bebió mi softlask entero, dudé de avisar al Seprona por las condiciones en las que se encontraba, porque el amigo me dejó muy mal cuerpo. Lo busco a mi paso por su “casa” … y no lo veo. No sé si eso es bueno o malo. En Malpaso, la cima de la isla, hace un fresquete curioso. A partir de aquí llegamos a mi querido sendero de La Llanía, posiblemente el más bonito que se pueda recorrer en Canarias y dudo que los existan mucho más impresionantes en todo el mundo. Mi reloj por aquí ya marca 27 km, que son los que debería marcar en meta. Claro, voy con el modo ultra track que nunca quité tras UTMB y marca lo que le parece. Precioso y disfrutadísimo descenso hasta Tigaday y ya estamos en meta. Al final puesto 40 de 289 participantes, carrera de menos a más, llegué al meta muy fresco…y con la sensación de haber podido con la distancia maratón. ¿Lo mejor? Que así la tengo pendiente para otra visita a El Hierro.
Y eso fue lo que dio de sí la carrera, evento muy recomendable que convierte a la, para mí, isla más especial de Canarias en una fiesta en la que se vuelcan todos los vecinos. Muchas gracias por tanto #CalorHerreño. ¡Hasta la próxima!
¡Meta! Foto de Racephotos.
Datos Técnicos:

Prueba: Maratón del Meridiano. (Distancia 27Km)

Kilómetros: 27

Tiempo: 3:32"47

Posición: 40 general. 23 senior m. 389 finishers. 
  
Ganadores: Javier Sosa (2:25"45) y Ana Cristina Portillo (3:14"43).

Clasificaciones
http://toptime.es/resultados/meridiano/individual.html

sábado, 6 de octubre de 2018

El sueño de todo trailrunner: Finisher UTMB.

La crónica de esta UTMB se remonta varios años antes de participar en la prueba, concretamente desde el momento en que buscas conseguir los puntos para participar en la misma. Una vez conseguidos estos hay que entrar en el sorteo, a la primera no hubo suerte, a la segunda si salimos seleccionados.

Conseguido todo esto, ahora toca entrenar para la prueba. Meses antes, una pequeña molestia en los talones que no se soluciona y se termina por convertir… en una gran molestia. Tras las pertinentes radiografía y ecografía le ponemos nombre al problema: Entesitis. Descanso, entrenamiento sin impacto, masajes, ondas de choque, punción seca, EPI…nada. No se soluciona ni de momento se ha solucionado, tan solo una infiltración me deja participar en la prueba.

Con ese panorama, sin hacer prácticamente ningún entreno ajeno al dolor, a duras penas y nada de disfrute hago la maleta. Hasta unos días antes no tengo ni idea de cuando viajo, en que compañía, que necesito, como es la prueba…nada. No tengo claro si podré participar y prefiero aislarme del asunto.
Así llegamos a Chamonix. Un bonito y pintoresco pueblo entre montañas que merece la pena visitar. El ambiente es brutal. Allí todo son camisetas finisher y pantaloncitos Trangoworld. Nadie con un vaquero y un polo, jeje. Como curiosidad, me cuesta entender que el Mont Blanc esté a 4810 metros, desde Chamonix, aunque imponente y majestuoso, no se ve tan alto. Cuestión de perspectiva, supongo.




La semana se me hace eterna, desde el lunes la meta va recibiendo casi incesablemente corredores de las diferentes pruebas que contiene el evento. Todos van entrando en ella…y yo sin salir. Algo de ansiedad me genera, la verdad. Los días antes toca hacer de turista y seguir al amigo Román, que consigue el chaleco finisher de la TDS.
Por fin es viernes y ahora sí, me toca correr a mí. Todos los días con calor…y justo ese día, lluvia. Además, activan el kit de frío, se espera sensación térmica de menos 10 grados. Guay. Así arrancamos desde la Plaza del Triángulo de la amistad. Ese momento quedará grabado para siempre en nuestras retinas. Cuantas veces habremos puesto el “Conquest of Paradise” de Vangelis para visualizarnos en ese lugar…y coño, ¡Allí estamos! En la cumbre del trail mundial. La salida es simplemente la más mágica que se pueda imaginar, creo que habré visto el vídeo unas 50 veces y no me canso. Hay que vivirlo. De verdad, vete y disfruta ese momento. Pero vete con tiempo, dos horas antes, de lo contrario…lo más que podrás acercarte al arco serán unos 250 metros. Por cierto que, si afinas el oído, en el minuto 4:07 se escucha a mi amigo y speaker en la prueba Eoin Flynn decir "muchísima suerte Angel, de Gran Canaria, de Canarias, de Teror". ¡Gracias amigo!

Con el amigo Yoni antes de salir.


Salimos…y sigue siendo alucinante todo. ¡La gente no se acaba nunca! Casi en volandas vamos hasta el kilómetro ocho, llaneando y bajo una ligera lluvia que poco a poco va empapando y que nos acompañaría toda la noche. La primera subida la hacemos de día por una pista de Esquí y de ahí al primer avituallamiento en el que prácticamente hay más ambiente que en cualquier meta de cualquier carrera. Este hecho se repetiría casi en cada avituallamiento. En la segunda parada “Les Contamines Montjoie” (me encanta el nombre de este pueblo) me abrigo. No tengo frío, pero todo el mundo va empapelado como si fueran cebollas y básicamente por imitación lo hago yo también. Si se abrigan alemanes, suecos o finlandeses, un canario tendrá que hacerlo también, pienso.
 


…y durante toda la noche paso calor.
Subimos al Col de Bonhomme al golpito, que esto está empezando. No sé si las vistas son bonitas o muy bonitas porque es de noche. Esta nos acompaña hasta la arista du Mont Favre aproximadamente. Llego a Col de Checrouit a las 7 y media y hay un concierto. Mola. De ahí bajada técnica a Courmayeur donde los cuádriceps van aprendiendo lo que es la UTMB.
Courmayeur, punto estratégico según cuentan todos y equidistante a Chamonix. Es decir, mitad de carrera aproximadamente. Solo queda darle la otra media vuelta al Mont Blanc. Llego bien, fresquito y con ganas de seguir, cero problemas. Almuerzo (a las 8 y 20 de la mañana) y seguimos.

 

Subida guapa al refugio Bertone y de ahí por un senderito muy bonito y divertido al refugio Bonatti (el del chubasquero). Desde aquí las vistas al Mont Blanc son un lujo. Pasado este punto empieza a soplar el viento y me abrigo nuevamente (otra vez era el único en manga corta). En Arnouvaz veo el cartel informativo (en cada parada tenemos información del siguiente segmento, perfil, desnivel, etc) y veo que voy a subir en dos kilómetros y medio casi 1000 metros. Pues nada, vamos pa´rriba. Hace fresquito en esa cima a 2400 metros en la que nos despedimos de Italia y saludamos (es un decir porque no se ve nada por la niebla) a Suiza. Desde aquí a Champex Lac descenso muy cómodo con otra pared vertical al final. Pero seguimos.

"El deja vu". Hace un año un chico en una carrera en Asturias me dice, al ver el logo en la camiseta, que la Estrella Galicia es buena cerveza, tras eso hablamos y hacemos parte de la carrera juntos. Aquí otro chico viene y me hace idéntica pregunta...y si, resultó ser el mismo. Un año después nos vemos en una carrera y compartimos kilómetros. ¡Un placer amigo Pedro!
Champex Lax. Kilómetro 125. Llevo 24 horas corriendo. Dicen que la carrera empieza en este punto. Yo creo que son chorradas…pero tienen razón. De aquí para atrás la UTMB es una carrera y a partir de ahora será otra totalmente diferente. He disfrutado y me he divertido en unos 125 kilómetros con un desnivel brutal…pero bastante llevaderos y nada técnicos. Todo lo contrario a lo que nos espera de aquí en adelante. Afortunadamente no lo sabía, y menos mal, porque a estas alturas aparecía una molesta ampolla que no me puedo pinchar porque no es superficial, en cada parada si me enfrío empiezo a tiritar porque tengo algo de fiebre y además voy bastante “sollado”, que decimos en Canarias. Me quedan 50 kilómetros imitando a un híbrido de John Wayne y Chiquito de la Calzada. ¿Me retiro? Esa pregunta nunca se me pasó por la cabeza. Estoy en una carrera que ya dura varios años y solo me queda, en sentido figurado, un kilómetro, así que me tienen que pegar un tiro para que tire la toalla.
La subida es una vertical durísima y la bajada a Trient una tortura de lo técnica que es. A esta localidad suiza llego mosqueado, ya que cuando creo que voy a arribar a tenor de lo que me indica el gps, aparece una señal que avisa de que nos restan 45 minutos para alcanzar dicho pueblo. Otra vez no puedo parar mucho porque empiezo a tiritar y ya voy rumbo a Vallorcine. Subimos 600 metros en 2 kilómetros (la penúltima locura) y afortunadamente la bajada es algo más sencilla esta vez.

Vallorcine. Esto está casi hecho. La organización ha avisado días antes que no iremos por el recorrido fijado sino por la pista de esquí. Más fácil, pienso. Iluso…
Queda, básicamente, lo peor. Un camino muy cruel. Otra subida “curiosa” seguida de una ¿bajada?, lo pongo entre interrogantes porque directamente no había camino, búscate la vida entre las millones de raíces para bajar casi campo a través (tanto que tardo una hora en hacer un kilómetro, la ampolla y sus amigas las rozaduras no me dejan ir más rápido y en cada paso veo las estrellas) y a volver a subir primero por un camino donde no dejo de ver viejas, niños, brujas, pescadores…que resultan ser piedras y luego la famosa pista de esquí, que aparece casi al final y que es más empinada que el resto.
Volviendo a las visiones, a muchos en las ultras le ha pasado este fenómeno, a mi era la primera vez. Vi un hurón saliendo de una mochila que me saludaba muy atentamente (supongo que sería la manga de un cortavientos, pero yo vi un hurón), salchichas a la brasa en el suelo (que resultaron ser piñas) y gente, mucha gente, en lo que finalmente eran piedras.
6 y media de la mañana. La Flegere. De aquí al final todo es bajada. En Vallorcine (2:15am) la app me calculaba que estaría en meta sobre las 7. ¿5 horas para hacer 18 kilómetros? Voy jodido, pero no será para tanto… iluso. A todo esto, en ningún momento me ha dado sueño, curioso.
La última bajada se me hace eterna, si vamos a descender 1000 metros en 8 kilómetros, no entiendo por qué vamos atravesando inmensas rectas, no entiendo por qué voy paralelo al Mont Blanc y no entiendo por qué no se ve Chamonix. Voy caminando despacito, con cada paso veo las estrellas. Llegar voy a llegar, pero no tengo ni idea de cuando. Estoy acostumbrado a ir adelantando a decenas de participantes en la parte final de todas las carreras y aquí me están pasando hasta abuelitas. De la impotencia se me salen las lágrimas y me entristece un poco que nadie se pare a preguntarme que me pasa y si estoy bien (cuando está en el reglamento y es obligado bajo pena de exclusión).

Estado lamentable en el que entré a meta.
 

Domingo 2 de Septiembre. 8:14 de la mañana. Treinta y ocho horas, trece minutos y veintinueve segundos después, soy finisher de la Ultra Trail du Mont Blanc. Me sorprende el tremendo salto exponencial. La regla de tres no funciona en este caso. Si en transGC, 120 kilómetros, hice 18 horas, aquí con 50km más… ¿20 horas más? Pues sí, amigo.
Y esa fue mi historia dándole la vuelta al Mont Blanc. Una experiencia bicéfala. 125 kilómetros de disfrute y 50 de agonía.
Agradecer el apoyo a Aguas de Teror y a Cima Running. Dar las gracias a todas las personas que me estuvieron siguiendo a través de la página oficial y de las redes sociales. Días después, disfrutando de la romería del Pino, me vi hasta abrumado de tanta felicitación. De verdad que infinitas gracias a todos, no lo esperaba. No los nombro a todos porque me dejaría a cientos atrás. Dense por aludidxs todxs. Especialmente gracias a Elisa y Román, que tuvieron que aguantar mi cabreo en Trient y me siguieron por todo el camino. Y gracias y felicidades por ser finisher de la UTMB a mi señora. De verdad que no hay palabras, seguir a un participante en una prueba como esta es durísimo, y ahí estuvo ella. Si no supiera que ella está en el siguiente punto, la dificultad de la prueba se multiplicaría por 20. ¡Gracias!

 

Epílogo: Tenía claro que esta era la última ultra en mucho tiempo. Si, todo es muy bonito y de color de rosa a 100 metros de la meta, pero para llegar a eso hay muchos madrugones, muchas horas bajo el sol o bajo la lluvia, un sacrificio brutal…y no sé si compensa. No sé si vale la pena. No sé si es mejor invertir ese tiempo en otras cosas, en aprender inglés, en formarme, en emprender otro negocio. Pero…una semana después ya estoy viendo perfiles y recorridos de otros eventos que me intentan seducir. ¿Qué tipo de adicción macabra es esta?
Au revour Chamonix. ¿Volveré? Yo apostaría al si.

Datos Técnicos:

Prueba: Ultra Trail du Mont Blanc 2018. 31 de Agosto, 1 y 2 de Septiembre de 2018.

Kilómetros: 171. 10000 desnivel positivo.

Tiempo: 31:13”29

Posición: 555 general. 222 senior m. 1778 finishers. 2561 participantes.

Velocidad Media: 4,5 Km/h

Ganadores: Xavier Thevenard (20:44"16). Francesca Canepa (26:03"48).

Clasificaciones
https://utmbmontblanc.com/es/page/107/107.html


Material utilizado:
Zapatillas: Hoka One One Mafate Evo 2.
Textil: Camiseta Tuga / Camiseta SportHG, pantalón Dynafit, calcetines Stance. Chaqueta Bonatti.
Accesorios: Gorro Buff, Fronta petxl Myo, Chaleco Salomon Advanced Skin 12 litros, bastones Ferrino Eiger.
Reloj: Garmin Forerunner 935.
Nutrición: Geles 226ERS (Frutas del Bosque), Pastillas de sal 226ERS, Hydrixir Antioxidante Overstims, Endortargo, Recovery 226ERS, Gatosport. Datiles con jamón. Caldo, mucho caldo.

Finisher UTMB "Güeyos del Diablu"


Esta crónica va a ser corta, de hecho, la estoy escribiendo un año y un mes después de participar, básicamente para que lo que aun guardo en mi memoria sobre la misma no se termine de perder.
Me inscribía en “Gueyos del Diablu” (ojos del diablo en cristiano) para conseguir la puntuación necesaria de cara a la UTMB. La idea era pasar de la UTMU –Ultra Trail Monte Ubina o Güeyos del Diablu-, a la UTMB en 360 días. “Sólo” eran 80 kilómetros a cambio de 5 puntos. Luego entendí por qué daban tantos puntos con tan pocos kilómetros.

Participar en una prueba, aunque perteneciente al Campeonato de España, lejana a los focos de la grandilocuencia habitual, más cercana y sin menos parafernalia, me apetecía mucho.

La salida es muy curiosa, ya que “El diablu” nos hace jurar que cuidaremos del entorno y ayudaremos a los compañeros en una ceremonia confuego y humo muy particular.

De ahí prácticamente salimos sin mucha más historia, que tampoco hace falta.

Primera subida, mil metros en 8 kilómetros. Hay mucho barro y se hace difícil ascender, si en vez de subirla la bajáramos, sería muy complicado ir por aquí. Seguimos. Llego al primer avituallamiento y me quito toda la ropa de abrigo. Afortunadamente parece que el tiempo va a acompañar. De esa manera encaro la subida a Peña Rueda, una de las cumbres de Asturias a 2133 metros de altura. La ascensión es de las más complicadas que he hecho en mi vida, posiblemente la más dura, en 5 kilómetros subimos 1500 metros de desnivel, y la parte final es por un sendero muy técnico. Aparte de esto las vistas son brutales, montañas por doquier y vas corriendo entre rebecos. Flipante.
Peña Rueda conquistada. Culín de sidra para celebrarlo. Aquí ya me voy dando cuenta de por qué te dan 5 puntos con tan solo 80 kilómetros. ¡En esta carrera es imposible correr! O subes con un desnivel de locos o bajas por pistas muy técnicas.

Seguimos en la misma línea durante los siguientes kilómetros, que discurren por pueblos muy pintorescos como Tuiza, Teyedo o Xomenzaya. Se nota el cariño que ponen tanto la organización como los habitantes de la zona en la prueba, el ambiente es muy sano y agradable. De esa manera seguimos hasta Zurea, último pueblo antes de ascender/escalar hasta Breñavalera. 

La subida es una locura, prácticamente hay que escalar y por momentos no hay camino, y la bajada posterior no le va a la zaga, tenemos que descender por una pista terriblemente embarrada en la que es imposible no irse al suelo, el fango llega por momentos hasta las rodillas.  ¿Te acuerdas de la primera subida? Es lo que ahora estamos bajando.
Se acaba el barro y con este el sufrimiento. El trabajo está casi hecho, ya prácticamente se ve Pola de Lena y con ella la meta. 16 horas después, objetivo cumplido, finisher de la UTMU, le pude ver los “güeyos” al “diablu” y eso me va a permitir volver al bombo de Mont Blanc. A ver si hay suerte.
Barro hasta en las orejas

Esta carrera es durísima, son sólo 80 kilómetros, en Haría hice los 100 kilómetros en casi 3 horas menos, y solo 3 horas más que aquí hice en TransGC, con 50 kilómetros más. Todos los lugareños coinciden en resaltar que UTMU es bastante más dura de pelar que el famoso Desafío Somiedo. La experiencia, a mí, me ha resultado increíble. Un evento 100% recomendable.
Como siempre dar las gracias a Sara por acompañarme en mis locuras, por todos los kilómetros que hace y por no poner ningún pero. ¡La mejor pareja del mundo! 
Ya eres mía.

Datos Técnicos:
Prueba: Ultra Trail Monte Ubina “Gueyos del Diablu”. 2 de Septiembre de 2017.
Kilómetros: 80. 6000 desnivel positivo.
Tiempo: 15:59”48
Posición: 31 general. 12 senior m. 60 finishers.
Media: 11,5
Ganadores: Ivan González (11:10″11). Maria Mercedes Pila (13:18″51).
Clasificaciones
http://boomerangeventos.es/wordpress/wp-content/uploads/2017/09/Clasificaciones-UTMU2017.pdf
Material utilizado:
Hoka One One Mafate, bastones Ferrino Eiger, Mochila Instinct, camiseta Salomon, Calcetines Stance.

jueves, 18 de mayo de 2017

Yo también corro...

...aunque este año no lo parezca.

Y es que para 2017 tenía previsto alejarme un poco de las carreras –en el sentido competitivo-, pues el año pasado después de varias ultras acabé algo saturado. Sólo un dorsal y listo, el resto a disfrutar del campito sin reloj y a centrarme en otras historias que tenía –y tengo- pendientes.
And the winner is...

La idea era hacer Ultra Trail Mont Blanc, pero no hubo suerte en el sorteo. Cambio de planes y a por Ultra Pirineu, pues llevo tiempo con ganas de hacer una carrera en Cataluña. Llega el día del sorteo…agua nuevamente. No problem, será por años.
Tercera opción: Epic Trail. Una prueba  igual de bonita o más que la anterior. Pero…no da puntos UTMB o al menos no están seguros de poder ofertarlos como en 2016. Pues descartada.
Una carrera muy pistera... ;)
Voy directamente al buscador de carreras que dan 5 puntos UTMB en España y me llama la atención una denominada “Güeyos del Diablu”, en Asturias. Y claro, Asturias es acierto seguro.
Entro en su web y me gusta lo que veo. Una carrera modesta, de sólo 300 participantes máximo, alejada de las grandes citas nacionales (aunque dentro de la Copa de España) a desarrollar en el Macizo y Parque Natural (sitio súper bonico) de Ubiña, con cotas de casi 2200 metros de altitud, 80 kilómetros, más de 6000 metros de desnivel positivo y que recibe esa peculiar denominación por su curiosa historia:
La imagen de la prueba es un cráneo de toro rescatado del sendero. Al parecer sus pistas fueron tradicional paso de ganado y era común que algunas reses se despeñaran por el camino. Al inicio de la prueba hacen un curioso ritual con la calavera y fuego…y a la llegada es tradición sacarte una foto con la misma.
La famosa calavera
Parece una carrera muy muy técnica viendo distancia y tiempo empleado, pues que el primero invierta 10 horas en completar 80 kilómetros deja a las claras que poca pista vamos a pisar. Sin duda, un buen test y una experiencia que espero sea enriquecedora.
Sugerente perfil.
Por cierto, “Güeyos del diablu” significa “Ojos del diablo”.

Pues a eso voy, a por mis 5 puntos para volver a intentar estar en UTMB, a por mi foto con la calavera para mirarle los "güeyos al diablu" y obviamente, a comer cachopo, fabada y beber sidra.

Pero para eso falta mucho aún, mientras, ponte el dorsal tú y nos seguimos viendo en algunas salidas y metas con micro en mano.

Ah, por cierto, no se amarguen por boberías, no tengan miedo y sean felices. ;)

lunes, 28 de noviembre de 2016

Una ultra entre volcanes. [Crónica Haría Extreme]



Con la Haría Extreme tocaba poner fin a un año de carreras corto (en número de dorsales) pero intenso en cuanto a kilómetros.  Una carrera que ya conocía pero ampliada a la distancia Ultra. Difícil de planificar y de concretar una estrategia clara por sus características tan especiales y diferentes al resto de carreras.


Llegamos el viernes a primera hora y el ambiente en Haría es brutal. Se respira trailrunning por los cuatro costados, pero aunque cueste, poca fiesta, que hay que madrugar mucho, así que prontito para el catre.


La salida es a las 7:15 desde el Parque Nacional de Timanfaya entre volcanes y camellos. Sencilla, sin arco, banderas, megafonía ni speaker (en Parque Nacional supongo que toda la parafernalia estará prohibida). Y ni hizo falta ni lo eché de menos (aunque acabe de tirarme piedras sobre mi propio tejado, jeje).
Antes de salir. Foto Mayayo Oxigeno.

Los primeros kilómetros caen muy rápido, todos  por debajo de los 5 minutos y con ritmos cercanos a 4. Unas pequeñas montañas de picón y entramos en La Geria. ¿Un vinito?El recorrido es espectacular. Volcanes y malpaís. Esto es una carrera de montaña pero sin frondosos bosques y pinocha. Por una vez, nadie los echa en falta.
Los paisajes de Lanzarote...flipada. Foto Angeles C.

Paso gran parte de estos tramos en la divertida compañía de Jorge y Alvaro y el camino se hace más ameno. Dejamos atrás Mancha Blanca, Soo…y de ahí bajada y paseo por la playa hasta Caleta Famara. 50 kilómetros en 5 horas. Ritmo de locos… ¿Lo pagaré luego en la segunda parte ya con montaña pura y dura? Veremos.
Que bien lo pasamos...jeje.

La primera ascensión es técnica y complicada, se hace tediosa y el bastoneo incomoda más que ayuda, pero la corono sin problemas. Algo de agua y bajada hasta Arrieta. Con calma, 3 días antes, mirando para los celajes, me hice un esguince grado 1 y aunque no molesta cualquier mínimo fallo en un apoyo sé que me puede dejar fuera de la carrera. Tras Arrieta entramos en la zona que atraviesa el malpaís, así que lo mismo, caminando y con calma. De ahí a Orzola. Fuerzas intactas, queda lo más duro, pero me veo fuerte.

Aquí llegaría el momento negro de la carrera, me despisto en la zona de la playa y me equivoco de camino, en lo que encuentro el mismo, lo deshago para volver a la zona donde me perdí y lo vuelvo a hacer, pierdo unos veinte minutos y gano 2,5 kilómetros. Cosas que pasan…no hay que darle más vueltas.
No me acuerdo de quien es la foto. Perdón.

Subida al Mirador del Rio, cómoda y sin complicaciones. Un ratito corriendo y otro caminando. Ya estamos arriba. Solo queda bajar el sinuoso camino de Los Gracioseros y la temida subida a Guinate. Nueva bajada pisando huevos por el tema tobillo y para Guinate. Aquí es cuando anochece y las balizas se convierten en enemigas/amigas. Enemigas porque algunas son reflectantes y el ir directo hacia ellas es un error porque por medio hay otras ocultas que no se reflejan. De un problema hacemos una virtud: "Llega a una baliza, te paras y no sigas hasta que encuentras la siguiente", me digo. Ahora Haría Extreme es una divertida carrera/escalada de orientación. Así se me hace más amena la subida y sin darme cuenta me encuentro arriba. Ya está, “sólo” queda la última subida y el último paseo hasta Haría.
Más volcanes. Foto Revista Trail.

Tengo fuerzas de sobra, tengo piernas, pulmones, no hay problemas…así que a disfrutar de los últimos kilómetros del año. Y así llegué a la meta. Completada la tercera ultra del año sin ningún tipo de problema. Incluso me quedé con ganas de más…así da gusto acabar las carreras.Como colofón, mi compañero de Solorunners y afamado Speaker (para mi sin duda el mejor) Depa, me da una calurosa bienvenida. ¡Muchas gracias!

En definitiva, carrera muy recomendable, para repetir y perfectamente organizada por Arista Eventos. Si acaso, como se deduce arriba, reforzar un poco el balizado y la seguridad en una zona tan complicada como es Guinate y a lo mejor retrasar un poco el horario de las guaguas a la salida, ya que a las 6am en mitad de la nada hacía un fresquito nada agradable. O adelantar la carrera unas horas para que todos lleguen de día a la meta.
Y me puse "la cachucha" de Depa. Gracias por el recibimiento, maestro.

Como siempre dar las gracias a todos los que me estuvieron siguiendo y animando, a Aarón de Fisiobiord por "apañarme" el tobillo en tiempo record, a los entrenadores de Runhabitat por ayudarme a completar otra ultra con cero problemas físicos, gracias Abel por el video del día anterior y por la visita nocturna del día antes y especialmente a Sara por acompañarme y hacerme de asistencia en todos los avituallamientos. Gracias gracias e infinitamente gracias.

Y así acaba un año con sólo cuatro carreras realizadas, Maratón Ruta de los Molinos, TransGC 125km, Gomera Paradise Ultra y Haría Extreme Ultra…pero con 339 kilómetros de competición en total.

Ahora a descansar un mes y buscar nuevos y diferentes retos para 2017.


Datos Técnicos:
Prueba: Haría Extreme Ultra. 19/11/2016
Kilómetros: 102. (3208 desnivel+).
Tiempo: 12h38m59seg.
Posición: 18 general. 15 senior. 124 finishers.
Minutos por Kilómetro: -
Ganador: Remi Queral (9:33"54). Magdalena Laczak (11:26"32).
Galeria de Fotos:

Material utilizado:
Zapatillas: Hoka One One Mafate
Textil: Camiseta Tuga, pantalón Tuga, calcetines Stance.
Accesorios: Chaleco Instinct, Bastones Ferrino Eiger, Cinturon Arch Max Belt.
Reloj: Suunto Ambit 2S.
Nutrición: Geles 226ERS (Frutas del Bosque, Piña-coco y Cola), Pastillas de sal 226ERS, Pastillas Zero High5, 2 gominolas Clif Blok, Gatosport. Datiles con jamón.

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